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Tejiendo Historias
A la adversidad, hay que ponerle buena cara y enfrentarla para salir adelante...

Por Elizabeth Zapata Regil

Una noche en mi cuarto, la soledad me acompañaba como tantas veces, me puse a escribir, mi pluma se deslizo muy fácil, los sentimientos encontrados los tenía a flor de piel, quería que no se me olvidara nada de lo que había vivido.

Siempre como mujeres dejamos muchas veces  de ser, por tener a nuestra pareja. Para vivir en paz damos nuestros mejores años, dejamos a un lado la importancia de  consentirnos, querernos, regalarnos unos minutos para estar con nosotras, descubrir que cada instante cuenta.
Siempre viviendo la vida del otro y de nuestros hijos: y nuestra vida ¿Dónde queda? Lavando trastes, planchando, cocinando… no siempre hay finales felices.
Estas reflexiones me llevaron a recordar a una querida amiga, Claudia.  Su historia es muy especial y quiero compartirla contigo:
Claudia es una mujer muy bonita, nació en Morelia. Se caso muy joven. Carlos, su marido, se la trajo a vivir a la ciudad de México. Ilusionada y enamorada transformó su pequeña casa en un verdadero hogar.
Pasaron los años, tuvieron tres hijos, todos varones. Fincaron más grande su casa y así crecieron los problemas.
Un día él conoció a una mujer en su trabajo y con el tiempo se enamoro y empezó una relación con ella. Todos los del grupo de amigos sabíamos que le era infiel a Claudia, menos ella; y no se lo decíamos para no lastimarla, pero ni falta hizo hablar, con la actitud de Carlos basto para que ella se diera cuenta.
Claudia nos preguntaba quien era, si era bonita, inteligente, que era lo que su marido le veía. Yo le decía la verdad, que esa mujer estaba muy fea.
Él se portaba cada vez peor: llegaba más y más tarde a su casa, buscaba mil formas de pelear con Claudia – y así justificar su comportamiento-, era grosero, la insultaba y hasta llegó a los golpes. Hasta que le confesó que amaba a esa mujer y que nunca la iba a dejar.

Claudia estaba desesperada, se sentía sola, vieja, triste y muy cansada. Estaba atada a Carlos porque ella nunca trabajo y el único sostén de la casa era él.  Acorralada decidió tomar un frasco de pastillas para culpar a Carlos de su desgracia y sobre todo de la  falta de amor. Por fortuna, Carlos se dio cuenta a tiempo y la llevó a urgencias.

En el Hospital, Claudia encontró a su ÁNGEL DE LA GUARDA: una Doctora maravillosa que la saco de su depresión y le pregunto que era lo que le faltaba por hacer y lo que quería. Claudia le confesó que no tenía estudios y por eso tenía mucho coraje con la otra por que ella tenía trabajo y una carrera, sentía que su  rival valía más que ella, así se lo había dicho Carlos.

La doctora la ayudo en todo, la animó a estudiar, primero la inscribió a la primaria. Ella se esforzó mucho a pesar de las burlas de Carlos que la sobajaba frente a sus hijos. Entre lagrimas y sacrificios, Claudia terminó la primaria, la doctora la felicitó muchísimo y la inscribió en la secundaria. Al terminar la doctora le pagó una carrera comercial para que Claudia pudiera valerse por si misma. Logró terminar y transformar su vida.

Mi amiga cambio muchísimo, para bien, su rostro estaba lleno de luz, con más seguridad se veía aún más bonita. Consiguió trabajo y ahora es gerente de una compañía importante. Carlos no podía creer hasta donde llegó, estaba sorprendido hasta el grado de querer regresar con ella, pero Claudia no quiere nada de él. Ella es feliz con su nueva vida.

Claudia nos regalo un verdadero ejemplo: ante la adversidad se puede salir adelante, los obstáculos los ponemos nosotros, y no estamos solos, siempre hay alguien que nos brinda su ayuda. 

Gracias Doctora,  el Ángel Guardián de mi amiga.  

ezapataregil@yahoo.com.mx

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